…el Duce, en sus inacabadas memorias, recordaba…

•21 mayo, 2019 • Dejar un comentario

” En aquellos colegios se separaba a los niños por su condición social. Todo hubiera perdonado menos eso, el pan con hormigas, la sopa fria por ser los ultimos en el reparto, aquel desdén, ¿pero separar a los hijos de la misma Matria, a los hijos de Italia, en castas?, eso NUNCA”
Por cosas así NUNCA podré dejar de ser FASCISTA. Por cosas así y por Evita Perón.

Texto de Juan Estacio

Capture+_2019-05-22-00-24-18~2.png

Anuncios

La mayor deshonra de Francia: el día que los Tercios españoles tomaron París

•20 mayo, 2019 • Dejar un comentario

Los españoles consiguen levantar el cerco sobre París el 30 de septiembre de 1590 y, precedidos por un convoy de suministros que alivió el hambre extrema que se vivió en la ciudad, entraron entre vítores en la ciudad. Esa noche defendieron la capital gala de un ataque desesperado de los protestantes franceses

Capture+_2019-05-21-00-46-00~2

Tras la derrota francesa de San Quintín, en 1557, Carlos V, por entonces retirado en Cuacos de Yuste, preguntó si la capital gala estaba ya en manos españolas: «¿Se encuentra ya en París mi hijo, el Rey Felipe II?». La cercanía de París a los Países Bajos, cuya soberanía era de Felipe II, hacía que la pregunta del Emperador jubilado no fuera tan rocambolesca. No obstante, el Rey Prudente descartó avanzar hacia París al estimar poco aconsejable dejar a sus espaldas la ciudad de San Quintín aún bajo asedio. Se perdió así una ocasión histórica de escenificar que la indiscutible hegemonía militar de Europa en aquel momento pertenecía al Imperio español. Lo que pocos años después demostró de forma escrita la paz de Cateau-Cambrésis, un tratado que obligó a Francia a entregar o renunciar hasta 198 enclaves y territorios.

Una enorme concesión de un país herido tras varias décadas de guerra infructuosa con el Imperio español y, sobre todo, una bombona de oxígeno para solucionar las guerras religiosas que desangraban la nación. Un conflicto entre católicos y hugonotes (el nombre dado a los protestantes franceses) que estalló en su máxima expresión en julio de 1566, cuando la Corona prohibió el culto protestante en Francia y los hugonotes reaccionaron intentando secuestrar al Rey en Meaux. A partir de entonces la sangre corrió sin control, incluida una matanza en París el día de San Bartolomé de 1572, entre ambos bandos. Ni Francisco II, ni Carlos IX, ni Enrique III lograron poner punto final a estas guerras religiosas; al contrario, la muerte de este último a manos de un católico fanático abrió las puertas a que un Monarca protestante se hiciera directamente con la Corona.

España al rescate de la Liga Católica

Enrique de Borbón, Rey de Navarra, era el legítimo heredero a la Corona a falta de candidatos varones entre los católicos. Sin embargo, su condición de protestante despertó gran oposición entre los elementos católicos del reino, apoyados desde el exterior por España y el Papa. Felipe II, de hecho, soñaba con que fuera su hija Isabel Clara Eugenia, cuya madre era de origen francés, quien se pusiera al frente de Francia, lo cual no era bien visto ni siquiera por el bando católico.

A base de grandes inyecciones económicas en la Liga Católica, el Monarca mantuvo abierta la guerra en el país vecino. Solo ante la posibilidad de que la capital gala cayera en manos protestantes se decidió el Rey a pasar al siguiente nivel de apoyo.

Enrique IV por Frans Pourbus el Joven.
Enrique IV por Frans Pourbus el Joven.

Como narra de forma magistral Alex Claramunt Soto en el libro «Farnesio: La ocasión perdida de los Tercios» (HRM Ediciones), un acontecimiento decisivo precipitó la intervención del ejército español en Francia. La batalla de Ivry, librada el 14 de marzo de 1590. se saldó con la completa derrota del ejército de la Liga Católica a manos de las fuerzas de Enrique de Navarra. Los protestantes se apoderaron así de todas las plazas fuertes en el curso del Sena a excepción de Ruán, en Normandía, y dejaron aislados a París.

Capture+_2019-05-21-01-01-48~2

Con la capital amenazada, Felipe II ordenó inmediatamente a su sobrino Alejandro de Farnesio, gobernador de los Países Bajos, que entrara con los Tercios españoles en Francia a apoyar a la Liga Católica. Farnesio mostró todo su oposición, puesto que la guerra en Flandes había dado un vuelco a favor de los españoles pero aún, con Holanda y Zelanda en manos rebeldes y las tropas hispánicas cada vez más indisciplinadas, quedaba mucho por hacer en este conflicto. Así y todo, al final no le quedó más remedio que obedecer las órdenes de su tío y dirigir una incursión de 14.000 soldados (entre españoles, italianos, valones y alemanes) desde el norte de Francia para socorrer París.

El general hispano italiano ordenó al tercio de Antonio de Zúñiga y al del italiano Camilo Capizucchi que se unieran a las tropas católicas supervivientes y entorpecieran el avance de Enrique de Navarra hacia París. A ellos se unieron poco después varias compañías del Tercio viejo de Lombardía, una tropa veterana que admiró a sus compañeros de armas franceses y les ganó el apodo de «monsieurs». No fue hasta el 8 de agosto que el propio Farnesio partió de Bruselas.

Una vez terminó de frotarse los ojos, el líder hugonote, de 37 años, avanzó hacia Lagny en un intento de jugárselo todo a una única batalla con Farnesio, de 45 años

Mientras Farnesio se detenía para recuperar poblaciones en manos protestantes, Enrique de Navarrareconoció a sus consejeros que no pensaba que el general más famoso de Europa se atreviera a abandonar los Países Bajos, «dejándolos casi desiertos y sin defensa». Y, ciertamente, sus enemigos aprovecharon su ausencia para recuperar terreno, del mismo modo que muchos nobles católicos trataron de convencer a Felipe II de que su sobrino era un desobediente mientras él estaba fuera de Bruselas.

Una vez terminó de frotarse los ojos, Enrique de Navarra, de 37 años, avanzó hacia Lagny en un intento de jugárselo todo a una única batalla con Farnesio, de 45 años. En este sentido Claramunt Sotoaprecia en el mencionado libro que el francés fue sin duda el más hábil general al que se enfrentó el sobrino del Rey, y probablemente el más parecido a él. «Poseían por igual el talento de conciliar el afecto de sus tropas, sin ningún tipo de relajación en la disciplina o disminución de la autoridad. Eran iguales tambien en valor personal, en el discernimiento rápido y en la fertilidad del genio», dejó escrito el historiador escocés del siglo XVIII Robert Watson.

Imagen de París en 1618, por Claes Jansz Visscher.
Imagen de París en 1618, por Claes Jansz Visscher.

Idas y venidas del mejor general de Europa

Frente a la superioridad numérica de Enrique, que contaba con 18.000 infantes, Farnesio ignoró la propuesta de batalla campal y atrincheró, en cambio, su ejército en torno a Lagny . El ejército hugonote aguardó ocho días frente al campamento fortificado católico y, cuando empezaron a agotársele los víveres, se replegó a París. El 5 de septiembre Farnesio se apoderó de Lagny al asalto.

Fue entonces cuando Enrique de Navarra se dirigió hacia París en un intento sorpresivo por tomar la capital francesa. Los españoles consiguen levantar el cerco sobre París el 30 de septiembre y, precedidos por un convoy de suministros que alivió el hambre extrema que se vivió en la ciudad, entraron entre vítores en la ciudad del Sena. Aún esa noche los protestantes intentaron asaltar París escalando las murallas, pero los tercios rechazaron fácilmente el ataque. Una vez estabilizada la situación, Farnesio se retiró a Flandes con parte de las tropas para ahuyentar las posibles acometidas holandesas y, de camino, se detuvo en la conquista de Corbeil, con lo que imaginó aseguraba la defensa de París durante una buena temporada.

Dejó a su espalda 3.000 hombres del Imperio español y un acalorado debate en la Liga Católico sobre quién debía ocupar el trono. Con la muerte unos meses antes del cardenal Carlos de Borbón se allanó la propuesta de que fuera la Infanta española Isabel Clara Eugenia quien recibiera la corona, si bien el miedo a que Felipe II se hiciera con el mando efectivo del país impidió cerrar un acuerdo. Coincidiendo con las discrepancias católicas, Enrique de Navarra retomó pronto las operaciones militares y recuperó Corbeil con una facilidad pasmosa.

Capture+_2019-05-21-01-17-17~2

El 24 de julio, Farnesio recibió la fatídica carta del Rey ordenándole ir a Francia, sin posibilidad de réplica, cuando pretendía plantar cara al ejército holandés

Desde Madrid, Felipe II ordenó a Farnesio que regresase a Francia otra vez en el verano de 1591. Si la otra vez la campaña francesa había llegado en el peor momento de la guerra en Flandes, en esta ocasión era como si el Monarca español se hubiera coordinado con los rebeldes porque, a decir el cronista y soldado Alonso Vázquez, «las cosas de Flandes iban en este tiempo de mal en peor». A los motines, la corrupción y la indisciplina generalizada, se sumó en ausencia de Farnesio un potente contraataque holandés. Plazas que habían costado miles de vidas y muchos meses tomar fueron rindiéndose en la zona norte de los Países Bajos con una facilidad insultante, como ocurrió con los castillos de Westerlo y Turnhout o las localidades Zutphen y Deventer.

El 24 de julio, Farnesio recibió la fatídica carta del Rey ordenándole ir a Francia, sin posibilidad de réplica, cuando pretendía plantar cara al ejército holandés.

El «Rayo de la Guerra» se apaga

Tras concentrar tropas en torno a la frontera francesa, Farnesio, deprimido y con su hidropesía crónica agravándose, se retiró unas semanas a un balneario en Spa a recuperar fuerzas. En su ausencia, Enrique de Navarra había reforzado sus tropas y conquistado en esta ocasión Noyon, lo que volvía acercarle a la toma de París y, con ello, el fin de la guerra. La Liga Católica, que perdía ciudades y soldados como agua de lluvia cayendo, contó como única buena noticia el renovado compromiso de Roma a su causa con el envío de tropas mercenarias y caballeros italianos.

El primer movimiento del «Rayobde la guerra» (el apodo de Farnesio) fue socorrer la ciudad francesa de Rouen, donde un ejército al mando del futuro Enrique IV trató de presentar batalla. Antes de alcanzar el envite, una escaramuza entre la caballería francesa y la de Farnesio, al mando del albanés Jorge Basta, causó la muerte de numerosos nobles hugonotes cuando fueron a proteger a Enrique, herido de gravedad.

Con el bando hugonote en retirada, Alejandro Farnesio trató de aprovechar la ventaja conquistando la ciudad francesa de Caudebech, perosufrió un disparo de arcabuz en el antebrazo mientras supervisa las obras de asedio. Herido y todavía más cansado, Farnesio se debió salvar un contraataque de Enrique que casi acaba en desastre. Tras deternerse tres días en París, el genio militar emprendió otra vez el regreso a Flandes.

Capture+_2019-05-21-01-23-15~2.png

 Mientras la salud de Farnesio empeoraba a cada día, Felipe II le escribió elevadas misivas instándole a volver una vez más a Francia. En los preparativos de una nueva campaña, la muerte alcanzó al Duque de Parma , que falleció el 3 de diciembre de 1592 de hidropesía en la ciudad de Arras. No en vano, los pormenores fueron aún más dolorosos. Felipe II había dado órdenes para que Farnesio fuera depuesto de su cargo de gobernador de Flandes, a razón de que el dinero destinado para la guerra de Francia se había empleado para la de Flandes. Las conspiraciones cortesanas contra Farnesio habían logrado convencer al Rey de que su sobrino no solo estaba cometiendo desviación de fondos, sino que había contribuido con su desinterés por cualquier cosa que no fuera Flandes al fracaso de la llamada Armada Invencibleen 1588.

Cuando la muerte aconteció al Duque de Parma, el Conde de Fuentes ya estaba de camino para destituir y, llegado el caso, arrestar a Farnesio. Solo la muerte solapó lo que podía haber sido la mayor de las traiciones de este país.

Sin su talento, la guerra en Francia quedó en manos de Enrique de Navarra. « París bien vale una misa », afirmó según la leyenda el hugonote para que, con su conversión, la Francia católica le aceptara como Rey. Sin poder concluir el conflicto por las armas, el Monarca accedió a cambiar de religión y así poder entrar triunfalmente en la capital el 22 de marzo de 1594. Libre de guerra internas, Enrique IV se reveló como uno de los monarcas más diligentes de la historia de Francia. Suyas son las reformas que sentaron los pilares de la Francia con la que Luis XIII y Luis XIV iban a asombrar al mundo avanzado el siglo. También, las reformas militares que culminaron en el colapso del Imperio español en el corazón de Europa.

César Cervera, (ABC)

D.Benito Martínez Albero nacido en Cintruénigo (Navarra), Heroico Requeté del Tercio de San Miguel en las calles de Bilbao tras su Liberación. Estaba casado y tenía dos hijos y también dos hermanos que estaban en el requeté. Murió en Pamplona el 17 de septiembre del 1973 y esta enterrado en el Cementerio que ejerció el modesto trabajo de sepulturero durante muchos años.

•12 mayo, 2019 • Dejar un comentario

Capture+_2019-05-12-17-11-08~2Pintura de Jose Ferrer Clauzel 

“La llamada más profunda que se nos puede encomendar es la maternidad”

•5 mayo, 2019 • Dejar un comentario

Capture+_2019-05-05-02-06-46~2.pngRichard Heymann, (1920 – 2014) In sicherer Hut

Maria Pita la vengadora de la Gran Armada española

•4 mayo, 2019 • Dejar un comentario

IMG-20190504-WA0003

Pueblo español, por siempre ORGULLOSO

•3 mayo, 2019 • Dejar un comentario

Capture+_2019-05-03-13-20-37~2.png

Texto (V.Galvache)
Fotografía (Carlos Avilés)

El dos de mayo de 1808, las tropas napoleónicas al mando del general MURAT, y ante la oposición del pueblo de MADRID de llevarse a los dos últimos miembros de la casa real, MARIA LUISA, reina de ETRURIA, y al infante FRANCISCO DE PAULA, la primera hija de CARLOS IV y hermana del futuro FERNANDO VII, y el segundo su hermano pequeño, ante el grito lanzado por JOSÉ BLAS MOLINA de ” que se los llevan “,volvió los cañones hacia el pueblo de MADRID, iniciándose así la GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA..
Este día, murieron los capitanes DAOIZ Y VELARDE, el teniente RUIZ, MANUELA MALASAÑA Y CLARA DEL REY, todas éllas personas anónimas del pueblo llano.. El balance fue brutal :409 muertos en total, 39 militares y 370 civiles así como 170 heridos de los cuales 28 eran militares y 142 civiles.. Madrid estaba protegida por el entonces capitán general Francisco Javier Negrero que en un acto de sumisión y cobardía ante el general francés, ordenó a los militares españoles permenecer acuartelados y pasivos ante el ataque francés, pero los antes mencionados capitanes DAOIZ Y VELARDE junto con el teniente RUIZ defendieron la ciudad desobedeciendo las órdenes,y con el pueblo fueron quienes se encargaron de hacer frente al poderoso ejército de NAPOLEÓN. Ése dia en MADRID la muerte reinaba por toda la ciudad, horrible fue la matanza de muchos madrileños en el ARCO DE CUCHILLEROS, donde la sangre corría por sus escaleras, cuando un sacerdote subido al pulpillo instó a los ciudadanos a defender Madrid contra los franceses, pero éstos en mayor número repelió a la gente qué sólo iban armados con palos produciéndose la matanza …Las personas antes nombradas DAOIZ Y VELARDE, tienen un monumento en la plaza del DOS DE MAYO, con el arco que perteneció a la puerta del PARQUE DE ARTILLERÍA (MONTELEON), donde se acuartelaron.. Monumentos al teniente RUIZ, El OBELISCO en recuerdo a los CAIDOS, retrato de la heroína MANUELA MALASAÑA que con tan sólo diecisiete años fue muerta junto con su madre por la bayoneta de un soldado francés, al cual su padre y esposo dio muerte después. es difícil reseñar en unas pocas líneas y describir los seis años de horror y hambre que sufrió ESPAÑA hasta expulsar al invasor francés ..

Capture+_2019-05-03-00-56-05~2.png

El 2 de mayo de 1808 las clases populares de Madrid se levantaron contra la ocupación francesa. La sublevación se propagó por toda la patria, dando inicio a la Guerra de Independencia

•2 mayo, 2019 • Dejar un comentario

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.
Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron…
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron:
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona…!

Do quiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
cantando tu valentía;
desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África , que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!…
Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantosa esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones;
nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.
Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial;
en tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque indómitos y fieros,
saben hacer tus vasallos,
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros…
Y aun hubo en la tierra un hombre,
que osó profanar tu manto…
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!…
Sin que el recuerdo me asombre
con ansia abriré la historia;
presta luz a mi memoria,
y el mundo y la patria a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.
Aquel genio de ambición
que en su delirio profundo
captando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.
¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!…
La virgen con patrio ardor
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y cuando calmado está
grita al hijo que se va:
“¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!…”
Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!…
Mártires de la lealtad
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad…
en la tumba descansad,
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.

Oda al 2 de Mayo. Bernardo López García, (1838 – 1870)

Capture+_2019-05-02-23-02-18~3.png