“Las reglas éticas varían, el honor no cambia. Noble es el que prefiere fracasar a envilecer las herramientas de su triunfo.”

•20 febrero, 2020 • Dejar un comentario

Nicolás Gómez Dávila, (1913 – 1994)

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•20 febrero, 2020 • Dejar un comentario

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¡Por fin viernes!!

•14 febrero, 2020 • Dejar un comentario

Sencíllamente genial

•11 febrero, 2020 • Dejar un comentario

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Francisco de Quevedo por Francisco Sans Cabot

El vino rancio y amargo que había ingerido indiscriminadamente durante todo el día en tabernas y antros de mala reputación, le había aflojado las piernas y ensalzado su duro, soberbio, extremo y siempre inconformista, carácter.

Al mismo tiempo, su estómago, castigado por un abrasador ardor más propio de los fuegos del mismísimo infierno que de una digestión, era incapaz de soportar tal cantidad de alcohol, así que, entre regurgitaciones y las contracciones involuntarias y espasmódicas de su diafragma, volvía a su boca el ácido caldo que debía ser procesado.

Una mala noche le esperaba, pues con toda seguridad, al cerrar los ojos se vería más montado en la proa de una galera en medio de una tempestad que en el acogedor reino del descanso que suponía para él su lecho.

Así, entre los desagradables pronósticos que le esperaban al llegar a su lecho y los amargos susurros, de naturaleza despótica, que dedicaba a sus cientos de enemigos y alguna que otra mujer que había despreciado su ofrecimiento, se dirigía a su casa, entre trompicones y bandazos, el grandioso Francisco de Quevedo.

En su lento e irregular caminar quiso el destino, una vez más, que el escritor, en su penoso retorno, se introdujese en el Callejón del Codo.

Lugar perfecto para amoríos que se deben esconder y para saldar deudas de honor con algún que otro deslenguado. Sin embargo, el ebrio Francisco de Quevedo, usaba habitualmente aquel rincón de Madrid para aliviar la presión ejercida por la orina en su vejiga.

Con el malestar propio causado por el estado etílico y la energía ficticia que este hace sentir a aquel que ha caído en sus brazos, se apoyó en la puerta donde tenía la costumbre de orinar al retornar a casa.

Pero aquella noche, antes de aflojar sus gregüescos, apretó su mandíbula mientras la cólera le hacía enrojecer y acelerar su respiración.

¡¿Qué desfachatez era aquella?! ¡¿Qué estúpido reto era aquel?! ¡¿A caso el propietario pensaba que su conciencia se vería dañada?! ¡ Qué aquel cartel sería el remedio que acabara con sus alivios creando en el la vergüenza y el remordimiento?! ¡Insensato e ignorante!

Furioso y tremendamente excitado miraba la cruz que el propietario había puesto en su puerta mientras releía, una y otra vez, el cartel que había colocado bajo la misma.

«Donde se ponen cruces no se mea»

Aquello fue demasiado para él…

Aguantando sus ganas de orinar, corrió como pudo hasta una taberna cercana y al entrar, reclamó a voz viva una pluma y un tintero.

Como era de esperar, ya conociéndole los presentes, se le entregó inmediatamente. Así, Francisco Quevedo, entre maldiciones e invocaciones al santísimo redios, volvió hasta la puerta del callejón del Codo.

Dejó el tintero y la pluma en el emparedado suelo iluminado por los rayos plateados de la luna llena. Seguidamente, desabrochó los cordones de su gregüescos y orinó placenteramente hasta vaciarse.

Cuando hubo acabado, volvió a abrocharse los cordones de los gregüescos, para seguidamente, agacharse y coger el tintero y la pluma.

Tal era el cabreo que tenía por aquella desfachatez y aquel reto que los efectos de las inmensas cantidades de alcohol habían disminuido considerablemente.

Abrió la tapa del tintero… Mojó la pluma… Y con letra alargada, escribió debajo…

«Y donde se mea, no se ponen cruces»

Don Francisco Quevedo, literato eterno, absolutamente genial, de carácter indomable, firme, soberbio y absolutamente irrepetible.

José Antonio López Medina

La mentalidad absurdo-progresista, que hoy impera en occidente, te dice que el primero es una mujer, pero que el segundo no es un ser humano

•11 febrero, 2020 • Dejar un comentario

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“No creo en el cine como una profesión. El cine es un oficio de vagos, para tipos de segunda que quieren dárselas de artistas. La de cineasta es una profesión sobrevalorada.”

•11 febrero, 2020 • Dejar un comentario

Aki Kaurismäki, (Director de cine)

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10-02-1943: Otra gesta española, Krasny Bor

•10 febrero, 2020 • Dejar un comentario

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Tal día como hoy, pero en 1943, se cumplen 77 años de una de las gestas más importantes que ha protagonizado España en el Siglo XX, la batalla de Krasny Bor.

En la mencionada batalla, la División de Voluntarios Españoles, División Azul, no tuvo nada que envidiar a las mejores alemanas, por su arrojo y valentía. Demostró al agresor que cualquier invasión a España podría resultar muy costosa. En Krasny Bor, en los arrabales de Leningrado, los cerca de 6000 españoles voluntarios equipados con armamento ligero, hicieron frente a 38000 soviéticos del Ejército Rojo, repartidos en cuatro divisiones, y equipados por grna cantidad de artillería y tanques. Fue el enfrentamiento más sangriento en el que participó la División Azul, produciéndose más de 4000 bajas entre ellos. A pesar de caer la posición en manos rusas, gracias a la defensa y aguante español, se redujo su avance.