Cuando Dios fue español

•8 diciembre, 2018 • Dejar un comentario

INMACULADA CONCEPCIÓN Y EL MILAGRO DE EMPEL

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Los Tercios han ocupado la isla de Bommel, cerca de Róterdam, entre los ríos Mosa y Waal, y de casi 25 kilómetros de largo y nueve de ancho. Se trata de una de las muchas campañas de auxilio a poblaciones católicas de aquellas tierras. Los rebeldes despliegan un centenar de naves de poco calado alrededor de la isla y establecen un sitio marítimo. Cañonean sin cesar a los españoles y cortan todas las vías de abastecimiento. No hay salida. Están a merced de la artillería enemiga. El Conde de Holac, al mando de la armada rebelde, ofrece a los Tercios una capitulación honrosa. Bobadilla responde: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos“.

Es entonces cuando Holac ordena volar los diques de los ríos que rodean la isla. Pretende ahogar a los españoles. El agua anega poco a poco la isla y tan solo queda a salvo su parte más elevada: el monte de Empel. Allí se refugian los hombres de Bobadilla. Cae la noche. Todo parece estar perdido. Es entonces cuando todo cambia. El capitán Alonso Vázquez, contemporáneo de Bobadilla, lo reflejó así en su obra Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese.

“Estando un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para resguardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacía y de la artillería que los navíos enemigos disparaban, a las primeras azadonadas que comenzó a dar para cavar la tierra saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla, tan vivos y limpios los colores y matices como si se hubiera acabado de hacer”.

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Inmediatamente se arremolinaron decenas de soldados, sabedores muchos de ellos que la Inmaculada veló en el pasado por las armas españolas y es veterana de las Navas de Tolosa y la Conquista de Granada. El hallazgo tiene carácter taumatúrgico entre los españoles. Rezan y se conjuran para, al alba, abordar las embarcaciones rebeldes en una operación con escasas posibilidades de prosperar. Mas no fue necesario.

Un viento glacial sopló a la madrugada y en pocas horas se obró el milagro: los ríos que cercaban a los españoles quedaron congelados. Las naves de Holac tuvieron que zarpar antes de quedar inutilizadas. Y en su huida, según deja constancia Alonso Vázquez en su crónica, los holandeses “decían a los españoles, en lengua castellana, que no era posible sino que Dios fuera español, pues había usado con ellos un gran milagro”.

IMG-20181208-WA0006Ferrer Dalmau, (El milagro de Empel)

El Instituto de meteorología holandés admitió en los años 90 lo insólito del fenómeno. En 2015 el Ejército español hizo entrega de una réplica del famoso cuadro de Ferrer Dalmau Milagro de Empel a la parroquia católica cercana a Empel donde se sigue venerando el retablo de la Inmaculada. Al acto acudieron numerosas personalidades del país, así como la televisión holandesa. Por aquél milagro hoy la Purísima es la patrona de la Infantería española y de España.

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Auténticos hombres de Honor

•1 diciembre, 2018 • Dejar un comentario

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En un mundo donde rebosa la información, no está de más emplear algo de tiempo en leer un libro o investigar en diferentes fuentes más allá de la televisión. Hoy la televisión es vista por inercia, sin un objetivo concreto. Se pulsa el botón de ‘encendido’ y así nos evitamos el incómodo silencio. Sin duda, esta pereza mental, esta simpleza a la hora de calificar sujetos y objetos, lleva a algunas personas (incluso periodistas PROFESIONALES) a denominar ‘kamikaze’ a asesinos de civiles que cargados de explosivos hacen volar por los aires todo lo que esté a su alcance, personas inocentes incluidas.
No hace falta ser un experto en materia bélica, ni un doctor en Historia, para saber que los kamikazes eran soldados piloto que dirigirían desde dentro lo que hoy, dado el avance tecnológico, son los misiles teledirigidos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, ante la perspectiva de suma inferioridad en la capacidad y tecnología bélica japonesa respecto a la de los Estados Unidos, surge la figura del kamikaze. Generalmente, fueron pilotos jóvenes que a bordo de aviones de guerra cargados hasta el límite de explosivos volaban hasta estrellarse en los portaaviones americanos que flotaban en el Pacífico. Esto se debe a que la carga explosiva que querían utilizar no podía ser lanzada desde los comunes aviones de guerra por la falta de capacidad. Por otro lado, la precisión y fuerza del impacto del aeroplano kamikaze era mucho mayor.
Por lo tanto, un terrorista suicida y un kamikaze difieren profundamente en la esencia de su acción, y llamar a uno con el nombre del otro es una muestra de ignorancia y una injusticia para la memoria de los pilotos japoneses de mediados del siglo pasado.
Puede parecer una nimiedad, pero el no llamar a las cosas por su nombre desemboca en una degeneración del lenguaje a largo plazo.

La Gran Via

•25 noviembre, 2018 • Dejar un comentario

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La Gran Vía es hoy un enorme albañal por el que transitan masas ingentes de detritos del globalismo y del consumismo desaforado. Toda esta mierda baja, a riadas, por Preciados, la calle del Carmen y por Montera. Para terminar en ese enorme pozo negro del turismo cutre y de masas, salpicado de ecuatorianos disfrazados de Mickey Mouse o Winnie the Pooh, en el que se ha transformado la Puerta del Sol. Haría falta algo con mucha mayor transcendencia, que unos metros más de aceras o un puñado de árboles, para que la otrora característica y singular arteria de la capital recuperase su esplendor.

Simplemente, la Gran Vía es víctima de esta civilización y de una de sus más temibles expresiones: el multiculturalismo global. El multiculturalismo, en el ámbito urbano,
significa, entre otras cosas, la aniquilación de la cultura y de las señas de identidad de una ciudad y su sustitución por un maremágnum de franquicias mundiales, establecimientos de comida rápida extranjera de escasa calidad y tiendas de ropa “low cost”.

La decadencia de nuestra amada Gran Vía viene de lejos. Recuerdo, allá por 1995, el final del mítico el café Fuyma. Un establecimiento abierto en 1931 y en el, que entorno a sus mesas, se habían sentado desde Ramiro Ledesma a Ernest Hemingway. Como un funesto aviso, el Fuyma no pudo resistir a las pujantes cadenas de hamburgueserías y pizzerías. Terminó siendo una sucursal de Caja Madrid y hoy es un asqueroso restaurante franquiciado de comida rápida.

Madrid Rock echó el cierre en el año 2005. Según dijeron, por la piratería y las descargas de Internet. Una de las tiendas de discos más emblemáticas de la capital despedía a sus trabajadores y allí ponía punto y final a su andadura. Actualmente es un Bershka. Los discos terminaron siendo reemplazados por prendas manufacturadas con mano de obra infantil.

Porque de lo que se trata, queridos amigos, es de comprobar como el modelo global y multicultural ha desplazado y terminado por destruir a la verdadera cultura. Seguiremos constatando, a lo largo de ese triste paseo, como no puede haber Madrid ni Gran Vía sin madrileños y sin cultura madrileña.

Luego les tocó el turno a los cines. ¡Qué pena…! El Cine Avenida cierra en el año 2007 y se convierte en un H&M. En ese mismo año también le toca al Cine Azul, que actualmente es un Friday´s. El Palacio de la Música, buque insignia de las salas de proyecciones madrileñas, baja el telón definitivamente en 2008. Actualmente, con sus puertas tapiadas, espera a que el Ayuntamiento, ante la presión popular, lo salve de las garras de las franquicias y le dé un destino cultural. También, en 2008, tiene lugar el cerrojazo del Cine Rex. Inmerso en un procedimiento de regularización urbanística y transformación para uso comercial y hotelero, se encuentra en una situación de abandono y ruina análoga a la del Palacio de la Música.

Pero aquí no termina la cacería, por parte de especuladores y franquicias, a los cines de la Gran Vía y sus aledaños. El Cine Madrid, en la vecina plaza del Carmen, deja de proyectar en el 2002 y ahora es un Media Markt. Los Cines Luna lo hacen en el año 2005 y hoy son, al menos, un gimnasio. Y los Cines Acteón, abiertos en 1995 en la calle Montera, caen en noviembre de 2017.

El ocio nocturno, en el que los jóvenes y no tan jóvenes escuchaban música, acudían a conciertos y bailaban –manifestaciones culturales, al fin y al cabo-, tampoco se ha librado de la apisonadora global. Pasapoga, un H&M; la sala Flamingo –que había cobijado al “Ocho y Medio” o al “Dark Hole”-, parte de un Zara; la sala Arena, en Princesa, aplastada finalmente por un hotel. Este ha sido el fatal destino de alguno de locales madrileños más emblemáticos de la zona de Gran Vía. Que se unen a otros tantos chapados y que podrían contabilizarse por decenas, como Bali-Hai, en Flor Alta, o el Heaven, en la calle Veneras.

El Bazar Mila, al que los amantes del modelismo y manualidades acudían a comprar maquetas o pinturas, tampoco se libró de la quema y pasó a ser una tienda Oysho… ¡Malditos seáis Amancio Ortega e Inditex!

Tampoco pudo resistir, tras medio siglo abierta al público la Cafetería Zahara, que cerró para siempre en 2010 y ahora es un Pull & Bear. Ni Nebraska -con sus tortitas y las salsas de sus hamburguesas- que hizo lo propio en 2017.

La puntilla a la Gran Vía, o a lo que de ella quedaba, vino con el final de las rentas antiguas de alquiler. La conocida como “casa de las muñecas”, juguetería con 72 años de historia pasó a ser el “Gran Vía Store” del Atleti. La camisería Hernando, casa fundada en 1857, es hoy un “Café & Tapas”, que hace las delicias de las decenas de miles de guiris que deambulan por la Gran Vía con bolsas del Primark en ristre. Porque eso sí, las bolsas de Primark que no falten. Ya hace falta ser capullo para recorrer miles de kilómetros y venir a Madrid a comprar a un Primark o terminar comiendo en un restaurante franquiciado.

Ahora, estamos a la espera de la sorpresa que nos depara la reforma de la “Casa del Libro”, la histórica librería de la Gran Vía. Queda por ver si mantendrá todas sus plantas o cederá espacio al hotel que de Cristiano Ronaldo abrirá en el número 29.

Yo, por más que busco, no doy con la Gran Vía. Encontrar algo –ya sea una tienda, un cine o un bar- con raigambre madrileña cuesta trabajo. Hay que rascar y callejear para toparnos con algún retazo, escaparate o rincón de esta querida ciudad. Puede, si las cosas siguen así, que un día sea imposible hallar, entre las huestes urbanitas de turistas y empleados de hostelería, a algún madrileño. Porque al igual que tiendas, cafés y cines son sustituidos por las grandes firmas, un día terminarán pos suplantar a la gente de aquí, a la de toda la vida, por sujetos más rentables y “low cost”.

48 años de la muerte de Yukio Mishima

•25 noviembre, 2018 • Dejar un comentario

El Glorioso

•25 noviembre, 2018 • Dejar un comentario

Era el verano de 1747 cuando el navío Glorioso, de 70 cañones mantuvo 3 batallas, todas ellas contra fuerzas muy superiores de la Armada inglesa, mientras traía cuatro millones de pesos fuerte desde América a España. Cumplió su misión, pero por el camino se enfrentó a 12 barcos en tres batallas distintas, dos desde las Azores a Galicia y una más cerca del cabo de San Vicente cuando ya había logrado entregar en tierra la plata y se dirigía a Cádiz para las reparaciones causadas de la lucha.

Es difícil hallar las palabras que relaten el fragor y la dureza de aquellos combates que mandaron un par de barcos británicos a pique y terminaron con otros maltrechos. Finalmente, el Glorioso, desarbolado, gastada toda la munición y agujereado por los cuatro costados, con 30 muertos y 130 heridos, tras los dos últimos días de lucha contra 6 navíos, arrió bandera. Sus captores no pudieron navegar en él, puesto que debido a su estado, se hundió al llegar a Lisboa.

d7a08dfb16033e3486963cfe2c2c5c0eFerrer Dalmau, (El último combate del Glorioso, 2014)

«Solo existe una concepción del universo que sea digna de nosotros, aquella que ya ha sido citada en la decisión de Aquiles: mejor una vida breve, llena de hazañas y de gloria, que una vida larga sin contenido».

Oswald Spengler, (1880 – 1936)

Prefiero la bala marxista a la palmadita derechoide. Pues es cien veces mejor morir de bala que morir de nauseas

•20 noviembre, 2018 • Dejar un comentario

Jose Antonio (1903 – 1936)

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He visto a amigos perdidos en pesadillas por nada. Sin ambiciones, sin nada que ganar. Pasan y van como una estrella fugaz. Pero afortunadamente estas junto a mí.

•18 noviembre, 2018 • Dejar un comentario