Linares, 28 de Agosto de 1947

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No -le gritaron-, no.
¿Quién para un rayo, si ya la espada inevitable ardía?
Estatua de sí mismo todavía,
Manuel era un desprecio que me callo.
Un entrañabilísimo tocayo
por donde se vaciaba Andalucía;
un manantial de luto y de sangría
recién desenraizado con el tallo.
La media tarde en el morado cielo,
un redondel de sombras y de hielo
y el toro hacia la muerte, como un sino.
De pie la cita estaba en los rejones,
y el ventarrón, llorando por las trojes
de aquel agosto de color de vino.
Salvador Pérez Valiente, (1919 – 2005)

~ por Negro pensamiento en 21 mayo, 2008.

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