Augusto Ferrer-Dalmau Nieto

El cuadro titulado “Mi Bandera”, que representa al  granadero de Infantería de Marina Martin Alvarez. En el  combate naval del cabo de San Vicente el 14 de febrero de  1797. Martín Alvarez protegía la enseña en la toldilla del “San Nicolás de Bari”, cuando fue abordado durante el combate por tropas británicas. Martín Álvarez acabó con varios enemigos que pretendían hacerse con la bandera de su buque. Malherido, fue trasladado al Algarve portugués por orden de Nelson, donde se recuperó de sus heridas.

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El montileño Martín Álvarez, nacido en 1766, se alistó en la 3ª compañía del 9º Batallón de Marina el 26 de abril de 1790. Granadero del Cuerpo de Batallones, estuvo embarcado en la guarnición de diversos navíos, participó en la ocupación anglo-española de Tolón (1793), fue a las Antillas a bordo del San Carlos y, en 1 de febrero de 1797, embarcó en el San Nicolás de Bari, mandado por D. Tomás Geraldino. A bordo de este último, combatió en la fatídica jornada del cabo San Vicente del 14 de febrero de 1797. En ella ocupó su puesto en la toldilla, tanto para disparar desde la tabla de jarcia contra las cubiertas enemigas, como para en caso de abordaje defender la driza de la bandera del buque.

Abordado su navío por el Captain, de Horacio Nelson, se lanzó contra el trozo -destacamento- de abordaje enemigo, matando al sargento mayor inglés Morris. Herido, continuó combatiendo, defendiendo a su Comandante, también herido y tendido en toldilla, el cual balbuceó: “granadero, di a tus compañeros que ninguno se rinda sino después de muerto.”.En la sumaria instruida tras el combate, el Fiscal declaró: “No puedo pasar en silencio la gallardía del granadero de Marina Martín Álvarez, (.) que atravesó con tal ímpetu al primer Oficial inglés que entró por aquel sitio que, al salirle la punta del sable por la espalda, la clavó tan fuertemente contra el mamparo de un camarote que, no pudiendo librarla con prontitud, y por no desasir su sable, que no quería abandonar, dio tiempo a que cayera sobre él el grueso de enemigos con espada en mano y a que lo hirieran en la cabeza, en cuya situación se arrojó al alcázar librándose, con un veloz salto, de sus perseguidores”.

Desangrado, tras una hora de combatir al lado de su Comandante muerto, cayó examine por la pérdida de sangre. Los ingleses, asombrados ante su bravura, respetaron su vida y lo curaron. Restablecido y vuelto a las filas españolas, volvió a embarcar en el navío Concepción. Falleció en Brest, cuando el encierro de la escuadra Mazarredo, de resultas de una caída que le lesionó un pulmón el 23 de febrero de 1801.

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~ por Negro pensamiento en 15 febrero, 2014.

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