El FFNN: El pueblo lo apoya, la élite lo desprecia

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Estas elecciones municipales han supuesto la certificación del Frente Nacional como un partido más, como un partido normal. Tras más de treinta años de demonización de sus ideas y de desprecio a sus votantes por la élite intelectual, política y periodística (los llamados aduaneros del pensamiento), el monstruo renace apoyado por millones de ciudadanos que han superado el complejo y que ya no ocultan su adhesión al FN. El partido de Marine Le Pen empieza a recoger los frutos de décadas de negligencia e impostura de ciertas élites.

La izquierda traiciona al pueblo

Se ataca al FN por estar contra la inmigración. Sí, está contra la inmigración masiva y sin control y, en ese aspecto, cada año gana más adeptos. A sus partidarios se les llama racistas, pero conviene intentar clarificar las cosas antes de utilizar el insulto supremo francés.

Un periodista de izquierda, Hervé Algalarrondo, redactor jefe adjunto de Le Nouvel Observateur, una de las biblias de los biempensantes, escribía ya hace más de diez años: “Tardando en darse cuenta del sufrimiento engendrado especialmente en los barrios desfavorecidos por el aumento de la inseguridad, los socialistas han traicionado al que ellos llamaban con énfasis el pueblo de izquierdas” (Securité: la gauche contre le peuple. Ed. Robert Laffon, 2002).

Ligar inmigración e inseguridad es el gran pecado a los ojos de los guardianes de la moral de izquierda, que ha servido para despreciar la angustia y las llamadas de ayuda de una parte de la población durante décadas. Decir que una mayoría de los delincuentes es de origen extranjero es una herejía que, sin embargo, no frenó la sinceridad del exministro y exalcalde socialista de Mulhouse, J.M. Bockel, ya hace doce años, uno de los pocos que lo reconoció públicamente.

Alain Finkielkrait, uno de los filósofos más seguidos en Francia, exmaoísta y ahora catalogado como neorreaccionario por los policías del pensamiento, no ha parado de denunciar la hipocresía de una cierta izquierda, presta a dar lecciones en todo momento, pero abrigada de la realidad gracias a su capacidad adquisitiva: “La élite radical-chic lleva a sus hijos a escuelas infantiles y colegios privados culturalmente exigentes y étnicamente homogéneos, e insulta al pueblo de las cités (barrios deprimidos) porque vota al FN”.

Es cómodo evitar hablar de inseguridad cuando los hechos delictivos los sufren quienes no tienen la suerte de vivir en barrios superprotegidos; quienes están obligados a utilizar los trenes que viajan a los guetos del extrarradio de las grandes ciudades; quienes son atracados en los portales y colegios públicos de esos mismos guetos. Y decirlo así, para algunos, es hacer el juego al populismo.

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Acusados de lepenización

Pocos son los periodistas o intelectuales de izquierda que se atreven a abordar el asunto en estos términos, pero los hay. Saben que manifestarse en este sentido equivale a ser tachado de fascista o tener el espíritu lepenizado, y puede llevar a la pérdida de trabajos, crónicas o artículos en la prensa independiente y ser olvidado por las editoriales. Algalarrondo, que además del libro citado escribió Les bœufs de gauche (‘horteras de izquierda‘). Ces adeptes du prêt-à-penser. (Jean Claude Lattès, 1994), lo explica a su manera: “A fuerza de detectar fascistas por todos lados, la intelligentsia de izquierda ya no es escuchada y el peligro, banalizado”.

Perdidos los obreros, quedan los inmigrantes”, dice por su parte Jean Sevillia, un periodista e historiador considerado de derechas. Cierto es que en Francia la sacralización de la inmigración y la defensa del multiculturalismo han dejado en manos de la familia Le Pen todo un terreno propicio. El pueblo, gran parte de ese pueblo, vota al FN y el intelectual ya no se fía de él. “Antes”, escribe Algalarrondo, “el intelectual de izquierda se encanallaba con el populo; hoy no se fía de él. Ayer, el obrero era percibido positivamente; hoy es visto negativamente, ya que es sospechoso de actuar según sus prejuicios”.

Sincretismo cultural forzado

“Ante una izquierda internacionalista y una derecha ultraliberal, y ambas proeuropeas, nadie se ha preocupado de Francia”. Quien así se expresa es Emmanuel Todd, historiador, demógrafo y sociólogo de izquierdas. Hablar de Francia y de franceses –sin ascendencia extranjera– no es políticamente correcto, salvo para el FN, claro.

En su más reciente libro, el escritor Denis Tillinac se rebela contra la nueva religión del sincretismo cultural forzado y pone en duda el significado de conceptos como integración o asimilación: “¿Integrar a quién? Todo ha sido cuidadosamente deconstruido. Desde la escuela se persigue la destrucción de una memoria colectiva sin la cual no se ve de dónde puede venir el deseo de ser francés”. Du plaisir d’être réac. Apologie de la liberté. Ed. Equateurs. 2014. (El placer de ser reaccionario. Apología de la libertad).

El discurso nacionalista del FN, la glorificación de la idea de Francia, se apoya en la dejación del sentimiento nacional que para ciertos sectores es más un elemento a ocultar que motivo de orgullo. Según el sociólogo Jean Pierre Le Goff, “en Francia existe una pérdida de confianza y de autoestima que concierne menos a los dominios científico, técnico o económico que a los recursos políticos y culturales ligados a su propia historia”.

Para Le Goff, minorías que se erigen en justicieros de la historia juegan con el resentimiento y el ajuste de cuentas con el pasado: “Los enseñantes deben ahora hacer frente a una subcultura según la cual el absolutismo, el esclavismo, el colonialismo, Pétain y la colaboración con los nazis constituyen el resumen sucinto de la historia de Francia”. (La gauche à l’epreuve. 1968-2011, Editions Perrin, 2011).

Las soluciones inservibles de la élite

Jean Sevillia resumía ya hace tiempo muy bien el eco creciente encontrado por el mensaje lepenista: “A una ciudadanía angustiada por el paro, la élite aseguraba que con la construcción europea todo iría mejor mañana. A una ciudadanía que sufre la inseguridad, la élite recomienda la indulgencia con los delincuentes. A una ciudadanía que asiste a la llegada sin cese de nuevos inmigrantes, la élite repite que nada es peor que la exclusión”. (Le terrorisme intellectuel. Editions Perrin, 2004).

Una de las conclusiones que se pueden extraer de esos comicios es que muchos franceses, de distinta procedencia, extracción social o cultural, han perdido el miedo no sólo a votar al Frente Nacional, sino también a reconocerlo públicamente. Se han rebelado contra los sermones de los sacerdotes que pretendían protegerlos del mal y orientar su voto. Es la prueba más clara de la normalización del FN y de su bautismo de respetabilidad en el panorama político francés. El Frente Nacional ya no da miedo.

Luis Rivas (París)

http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-03-31/el-frente-nacional-ya-no-da-miedo-millones-lo-apoyan-mientras-la-elite-lo-desprecia_109595

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~ por Corrosivo en 31 marzo, 2014.

2 comentarios to “El FFNN: El pueblo lo apoya, la élite lo desprecia”

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