El honor de su orden

Tomás de Torquemada era un castellano de Palencia, serio y austero, que había tomado los hábitos por vocación. Comía poco, desdeñando manjares, dormía sin sábanas, vestía sencillamente, era severo consigo y con los demás, de piedad tenebrosa; riguroso, pero no implacable; ferviente, pero no inhumano. Torquemada mantenía sus convicciones contra viento y marea, sin hacer concesiones a nadie. Fue capaz de amonestar a la propia reina por permitir que los carpinteros trabajasen en día festivo para tener a punto el tablado de una fiesta. Siempre rehuyó los honores y pompas mundanos. Rechazó el arzobispado de Sevilla y otros cargos igualmente codiciables y sólo aceptó el encargo de organizar la Santa Inquisición porque lo vivió más como un sacrificado servicio al Estado y a la Iglesia que como una sinecura ventajosa. Además, era una decisión consecuente con sus sentimientos religiosos. Torquemada estaba convencido de que la ascensión social de los conversos redundaba en perjuicio de la religión. En un memorial enviado a los reyes leemos: es mucho prohibido que los judíos no tengan entre los cristianos oficios públicos ni los reyes non los vendan sus rentas porque es grand pecado e mengua de nuestra fe es menester que judíos y moros sean apartados y non vivan entre los cristianos y que traigan sus señales por donde sean conocidos y que ningún judío ni moro non traiga seda mas que se vista según su estado y condición.

 

 

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~ por Corrosivo en 10 julio, 2017.

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