El veterano Waffen SS que desafió a Spielberg

Todos hemos visto la película “Salvando al soldado Ryan”, en lo personal me ha parecido genial esta producción cinematográfica, pero para criticarla, nadie está más capacitado que un veterano de las SS. Aquí el aporte:

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Hans Schmidt, ex combatiente y veterano de la División Hitlerjugend de la Waffen SS, quien falleció hace casi cuatro años, desafió al director de cine Steven Spielberg escribiéndole una carta, misma en la que criticaba inexactitudes históricas y posturas tendenciosas en la producción de la película “Salvando al Soldado Ryan”. Hemos traducido el contenido de la misiva dirigida a uno de los más prolíficos directores judíos de Hollywood, con el objetivo de que nuestros lectores hispanoparlantes que no saben hablar inglés analicen su contenido:

Hans_Schmidt

“Estimado Señor Spielberg:

Permítame a mí, un veterano de la Waffen SS dos veces herido, y partícipe de tres campañas (La Batalla de las Ardenas, Hungría y Austria), hacer una crítica de su película “Rescatando al Soldado Ryan”.

Habiendo leído muchos de los reconocimientos de la que es sin lugar a dudas, una exitosa y podríamos decir, “impresionante” película, yo espero que no le importe la crítica desde el punto de vista de un alemán y un germanoamericano.

Aparte de la carnicería mostrada inmediatamente al principio de la historia, durante la invasión de la playa “Omaha”, misma de la cual yo no puedo opinar porque no me encontraba ahí; muchas de las escenas de combate parecen irreales.

Ustedes hicieron muy buenos esfuerzos para proveer de autenticidad al filme, a través del uso de equipo que lucía como el original alemán, por ejemplo, el Schützenpanzerwagen (SPW), las MG 42’s, y los Kettenkrad.

Y, mientras que la apariencia de las unidades regulares de infantería del ejército alemán, en los búnkers de Normandía, no estuvo bien presentada, los Waffen SS en las luchas callejeras al final de la película ni siquiera estaban bien ataviados.

Mi crítica respecto a la falta de realismo en las escenas de batallas, tiene que ver con el hecho de que las Waffen SS jamás hubieran actuado como se les presenta en la película “Rescatando al Soldado Ryan”.

Mientras que era bastante común observar tropas americanas o rusas congregándose en torno a sus tanques mientras avanzaban a nuestras líneas, esto en realidad si quiera ocurrió con las Waffen SS.

(Los primeros americanos que yo vi en la Batalla de las Ardenas, eran aproximadamente una docena de GI’s agrupados en torno a un obús autopropulsado que estaba incendiándose).

Además, casi todos los soldados alemanes que aparecen en la película traían el cabello a rape, o peor, de plano rasurados, algo que evidentemente no corresponde a la realidad. Quizás estaba confundiendo en su mente, soldados alemanes con rusos de la época.

O quizás, su judería se hace presente en ese asunto, queriendo esbozar una relación directa entre los skinheads de hoy, y unidades de la Waffen SS y otros soldados del Tercer Reich.

También, debieron haber utilizado jóvenes de 18 a 19 años para representar mi unidad, en lugar de personas mayores, ¡La edad promedio, incluyendo a los oficiales de la heroica División Hitlerjugend que peleó en Caen, fue de 19 años!

La escena en que un GI muestra su medallón con la estrella de David a unos prisioneros de guerra alemanes mientras les dice: “Ich Jude, Ich Jude”, es tan indignante como graciosa.

Yo le puedo decir lo que un soldado alemán le hubiera dicho a otro si un incidente como ese hubiese ocurrido: “Ese tío está loco”.

Parece que usted no conoce que, para el soldado alemán promedio en la Segunda Guerra Mundial, la raza, color o “religión” de cualquier enemigo no le era trascendente. Ellos no lo sabían y tampoco les importaba.

Además, usted cometió un serio error de juicio cuando, en la escena de apertura de “Rescatando al Soldado Ryan”, movió la cámara de la solitaria tumba judía, hacia las cientos de tumbas con cruces, para descubrir que en algún otro lado había otra estrella de David.

Yo sé lo que usted quería dar a entender, pero estoy seguro de que yo no fui el único que inmediatamente después de observar todas esas cruces, descubrí que en algún otro lado había una solitaria estrella de David.

Y usted conoce la respuesta. De hecho, usted provocó exactamente el efecto opuesto del que quería lograr. Su uso de esa escena se contrapone con las recientes afirmaciones de organizaciones judías, las cuales aseveran que los voluntarios judíos en la Segunda Guerra Mundial sirvieron en mayor proporción que la población en general, y que su sacrificio fue mayor consiguientemente.

Visité el cementerio militar de Luxemburgo en donde el General Patton se encuentra enterrado y conté las estrellas de David en las lápidas. Me impresioné por su ausencia.

Después de la Primera Guerra Mundial, algunos líderes judíos de Alemania montaron la misma patraña: Ellos reclamaron en ese entonces e incluso hasta este día, que doce mil judíos dieron sus vidas por la madre patria, lo cual hubiera hecho que su participación en términos generales, fuese mayor en relación a la demás población, lo cual es falso. Quizás lo de los doce mil participantes sirva como un símbolo, “desde nuestro punto de vista, hicimos lo suficiente”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, así como ahora, aproximadamente un cuarto de la población norteamericana se considera a sí misma germano-americana. Conociendo el fervor patriótico que los germano-americanos tienen por América, podemos asegurar que su porcentaje en las fuerzas armadas fue igual o superior que el de la población en general.

¿Acaso se olvida de Nimitz, Arnold, Spaatz o Eisenhower? Bueno, quizás el Capitán Miller de Pensilvania fue un germano cuyo apellido se anglizó. Sin omitir que pareciera un indicio que en la Casa Blanca actualmente es muy raro encontrar en las cenas de Estado, personas que tengan nombres germánicos.

Bien, quizás algunas personas piensen que la abundancia de nombres que suenan como alemanes, como Goldberg, Rosenthal, Silverstein y Spielberg, satisfacen la necesidad de representación de la comunidad germanoamericana.

Mi comentario final se ocupa de la presentación del fusilamiento de prisioneros de guerra alemanes inmediatamente después de combatir un incendio. Una lectura concienzuda de literatura americana especializada en la Segunda Guerra Mundial, indica que dichos incidentes se suscitaron mucho más frecuentemente de lo que en general se acepta, y es muy común que dichos excesos contra las leyes aplicables a los beligerantes y a los caballeros, sean comúnmente justificados con argumentos como: “los GI’s se enojaron con los alemanes porque acababan de matar a uno de sus compañeros más queridos”.

En otras palabras, la ira y el crimen de guerra subsecuente, son entendibles, y por tanto justificables ipso facto. En “Salvando al Soldado Ryan” parece que usted estuvo de acuerdo con esta afirmación, al permitir que sólo uno de los soldados, el arquetipo del bien conocido cobarde, dijera que no estaba permitido disparar a prisioneros que han depuesto sus armas.

Como un otrora soldado alemán, puedo asegurar que, situaciones como las que describí, a las que llamo de mentalidad desarianizada, no sucedieron entre nosotros.

Recuerdo bien que, en enero de 1945, nos sentamos con unos prisioneros de guerra americanos después de una furiosa batalla, y los GI’s estaban genuinamente sorprendidos de que los tratáramos casi como auténticos compañeros, sin mediar rencor.

Si usted quiere saber por qué, yo se lo puedo decir. Nosotros no padecimos décadas de propaganda anti enemiga, como fue el caso de los soldados americanos y británicos, cuyo sentido básico de la caballerosidad fue opacado a menudo (pero no en todos los casos), por los cientos de películas de guerra anti alemanas, que fueron producidas por sus hermanos raciales.

(Para su información: yo jamás vi siquiera una película de guerra anti americana, puesto que no había un sólo director judío en los estudios UFA, en Alemania).

Sinceramente, Hans Schmidt”.

~ por Negro pensamiento en 28 noviembre, 2017.

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