Lepanto a vida o muerte. Honor a nuestros héroes

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El que ansioso de alta gloria,
 
joven dejó sus hogares,
 
y lanzándose a los mares,
 
voló a buscar la victoria,
 
vencedor del turco fiero,
 
vuelve, valiente cruzado,
 
del sol el rostro tostado
 
y en sangre tinto su acero.
 
Allí, su lanza en la lid
 
dio a su renombre esplendor,
 
le cantó el trovador
 
como a intrépido adalid.
 
Ora vuelve, en su semblante
 
con cicatrices de heridas
 
en honra y pro recibidas
 
de la que adora constante.
 
Tal vez al verle a su reja
 
le desconozca la hermosa
 
que sensible y cuidadosa
 
oyó otro tiempo su queja.
 
Mas si no vuelve de Oriente,
 
cual antes, joven hermoso,
 
vuelve intrépido y brioso
 
y ornada en lauros la frente.
 
Y las lunas abatidas
 
de los árabes altivos,
 
cien caballos, cien cautivos,
 
cien cimitarras vencidas,
 
el soldado de Sión
 
rendirá ante su hermosura
 
y con humilde ternura
 
su constante corazón.
 
Y si amorosa un momento
 
tendrá completa ventura
 
su más alto pensamiento,
 
y tendrá por muy dichosa
 
de su destino la estrella
 
si le devuelve su bella
 
siempre tierna y cariñosa.
 
Que por la cruz y en su honor
 
ha alcanzado la victoria,
 
y su nombre y su memoria
 
realzó en la lid su valor,
 
y buscando dónde ir
 
a hacer su nombre famoso,
 
vuelve a sus pies venturoso
 

sus laureles a rendir.

José de Esproceda, (1808 – 1842)

~ por Negro pensamiento en 7 octubre, 2019.

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