Popiełuszko: así fue la tortura y asesinato del mártir polaco a manos del comunismo

Tal día como hoy, el 19 de octubre de 1984, era torturado y asesinado al sacerdote polaco Jerzy Popiełuszko, de 37 años, un hombre valiente que apoyó la lucha por la libertad en Polonia.

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Polonia bajo el yugo comunista

Como ya sabéis, en 1945, al concluir la Segunda Guerra Mundial, Polonia pasó de ser ocupada por una potencia totalitaria, la Alemania de Hitler, a ser ocupada por otra, la URSS de Stalin. Después de haber sido uno de los países que más soldados aportaron al bando aliado, británicos y estadounidenses dieron la espalda a Polonia y la dejaron en manos del dictador soviético, que instauró en el país una dictadura comunista que funcionaría como un simple títere de la URSS.

“No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien”

El 16 de octubre de 1978 se produjo un hecho que dio esperanzas a Polonia: la elección de Juan Pablo II, un polaco, como Papa (sobre estas líneas le vemos en una foto tomada en ese mismo año, cuando aún era Arzobispo de Cracovia). Desde Roma, Karol Wojtyła se decidió a apoyar la lucha de sus compatriotas por la libertad, y en especial la actividad del sindicato Solidarność, fundado en septiembre de 1980 y que se opuso a la dictadura comunista desde el movimiento obrero y con el apoyo de la Iglesia Católica. Uno de los sacerdotes que más se destacó en su apoyo al sindicato fue Jerzy Popiełuszko, que en sus homilías no tenía reparos en denunciar a la tiranía comunista.

La creciente fuerza de las protestas contra la dictadura comunista llevó a ésta a decretar el 13 de diciembre de 1981 la Ley Marcial, un periodo de represión que se saldó con 56 muertos en un año y medio. Popiełuszko reaccionó a esa ley apoyando a las personas perseguidas y presentándose en los juicios de las personas arrestadas, para manifestarles su apoyo, lo que hizo aumentar la popularidad de este sacerdote. Popiełuszko basaba su actividad pastoral en una cita de San Pablo: “No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien” (Romanos 12:21).

Popiełuszko, vigilado por la dictadura comunista

La actividad de Popiełuszko le llevó a ser vigilado por el Służby Bezpieczeństwa (SB, Servicio de Seguridad), la policía política de la dictadura comunista. El joven sacerdote llegó a tener hasta cuatro agentes vigilándole, entre ellos un sacerdote, Michał Czajkowski, que trabajaban para el SB enviando informes sobre Popiełuszko. En diciembre, Jerzy fue llamado a declarar ante la Policía Metropolitana de Varsovia. Le acusaron de “abusar de la libertad de conciencia y religión” por lanzar sermones de contenido político “difamando” al Estado, le atribuyeron haber usado “la falsedad, la hipocresía y la mentira” en sus críticas, e incluso le acusaron de un ataque a la dignidad humana y a la libertad de pensamiento por hacer “propaganda antiestatal perjudicial para los intereses de la República Popular de Polonia”Las acusaciones, que eran una burla a la verdad y a la inteligencia, pudieron llevar al sacerdote a ser condenado a 10 años de prisión. Ante la inconsistencia de las acusaciones, oficiales del SB inspeccionaron el piso del sacerdote y amañaron pruebas contra él, afirmando que habían encontrado cartuchos de ametralladora, explosivos y propaganda. El montaje eras tan absurdo que Popiełuszko fue puesto en libertad sin cargos al día siguiente, tras una petición del arzobispo Bronisław Dąbrowski, secretario general de la Conferencia Episcopal Polaca.

La campaña de difamaciones y amenazas contra Popiełuszko

Después del bochornoso episodio de su intento de encarcelamiento, los medios de propaganda de la dictadura comunista dirigieron contra Popiełuszko una feroz campaña de ataques, a la que se sumaron las amenazas de muerte. Las incomprensiones no se limitaron a las filas comunistas. Como recuerda el periodista italiano Luigi Geninazzi en su libro “La Atlántida roja: el fin del comunismo en Europa”el cardenal Józef Glemp, presidente de la Conferencia Episcopal Polaca, reprochó a Popiełuszko poner en crisis las relaciones entre el Estado y la Iglesia. El sacerdote escribió en su diario el 18 de diciembre de 1983: “Me encontré cara a cara el Primado en el seminario de Varsovia. El cardenal ha tenido que escribir, por mi causa, una carta al general Jaruzelski y esto le debe haber costado mucho. Pero sus acusaciones me han sentado terriblemente mal”. Monseñor Glemp era partidario de alejar a Popiełuszko de Polonia, pero el joven sacerdote contaba con el apoyo de Juan Pablo II y decidió permanecer en su Patria, a pesar del riesgo que corría su vida.

El primer intento de asesinato y el último discurso de Popiełuszko

El 13 de octubre de 1984 agentes del SB intentaron provocar un accidente de tráfico lanzando una piedra contra el coche del sacerdote cerca de Gdansk. El 16 de octubte, en vista de la creciente amenaza que se cernía contra Popiełuszko, Monseñor Glemp le ofreció hacer un viaje a Roma. El sacerdote insistió en permanecer en Polonia. El 19 de octubre Popiełuszko pronunciaba su último discurso público, en una misa oficiada en memoria de los mártires polacos de Bydgoszcz, asesinados en septiembre de 1939 por los nazis. En ese discurso insiste en la enseñanza de San Pablo: “Solo esta persona puede vencer al mal, quien personalmente es rico en bien, a quien le importa su desarrollo y enriquecimiento con valores que establecen la dignidad humana de un hijo de Dios. Multiplicar el bien y vencer el mal es preocuparse por la dignidad de un hijo de Dios, por su propia dignidad humana“.

Secuestrado, brutalmente torturado y arrojado a las aguas del Vístula

Ese mismo día, Popiełuszko regresaba a Varsovia en coche junto a Waldemar Chrostowski, un antiguo paracaidista, que iba al volante. En la carretera de Toruń, cerca de Górsk, agentes del SB disfrazados de policías de tráfico detuvieron el coche y secuestraron a Popiełuszko, llevándoselo en el maletero de un vehículo. Chrostowski logró saltar del coche en marcha y huir. Popiełuszko también intentó escapar, pero sus captores detuvieron el vehículo y le golpearon hasta dejarle inconsciente. Tras torturarle, arrojaron al sacerdote a las aguas del río Vístula en Włocławek.

La noticia del secuestro de Popiełuszko la dio Chrostowski, su chófer. El 23 de octubre fue detenido el capitán del SB Grzegorz Piotrowski, en relación con el secuestro. Los seguidores de Popiełuszko mantuvieron durante días la esperanza de encontrarle con vida, hasta que el día 27 Piotrowski confesó que le mató él con sus propias manos. El cadáver del sacerdote fue hallado cerca de allí el 30 de octubre. Luigi Geninazzi describe así el “feroz sadismo” con el que fue asesinado Popiełuszko:

Los asesinos se han enseñado con violencia bestial en una persona mansa e inocua. Lo que queda del joven sacerdote de cabellos rubios y de dulces facciones es un saco de huesos rotos, con el cuerpo hinchado, el rostro negro y tumefacto, la boca destrozada, el cráneo aplastado a golpes de porra hasta arrancarle el cuero cabelludo alrededor de la frente. El cuello está marcado por un surco violáceo porque las bestias humanas vestidas de policías, antes de lanzar el cuerpo al Vístula, le habían amarrado un saco de piedras para que no saliese a flote. La señal más espeluznante son las manos cubiertas de heridas, propias de quien ha intentado cubrirse el rostro en un último y desesperado intento de defenderse“.

Un crimen que provocó conmoción e indignación en Polonia

La publicación de las imágenes del cadáver fue prohibida en Polonia. Algunos medios extranjeros se debatieron si publicarlas o no, ante lo atroces que eran las imágenes. La conmoción y la indignación que provocó el asesinato del joven sacerdote entre los polacos se tradujo en un masivo funeral al que asistieron miles de personas (podéis ver el vídeo bajo estas líneas), el 3 de noviembre de 1984 en Varsovia, funeral que acabó convirtiéndose en una manifestación masiva. Popiełuszko fue sepultado en la Iglesia de San Estanislao de Kostka, en la capital de Polonia. La repercusión del crimen es tal que por primera vez la dictadura comunista se ve obligada a juzgar a cuatro de sus funcionarios, los agentes del SB que cometieron el crimen.

La dictadura comunista intentó criminalizar al sacerdote asesinado

Retransmitido por televisión, el proceso dejó en evidencia la siniestra actividad de los servicios de seguridad de la dictadura comunista. Durante el juicio se conocieron las desesperadas palabras del sacerdote a sus torturadores: “¿Por qué me hacéis esto? ¡Tened piedad!” Pero incluso en estas condiciones, el régimen intentó criminalizar a la víctima: “Lo que más indigna es la singular inversión de los papeles: el proceso que debía arrojar luz sobre el asesinato se transforma en un acto de acusación a la víctima y de denigración de la Iglesia, comenta Luigi Geninazzi. “En su requisitoria, el Ministerio Público asume increíblemente la defensa de los imputados, en cuanto que sus actividades estaban justificadas por «serios motivos»: poner fin a las actividades ilegales de un cura subversivo. En suma, Popiełuszko debía ser castigado y la única culpa de los policías es la de haberse sobrepasado, rebasando la ley”. Finalmente, dos de los implicados fueron condenados a penas menores de 14 y 15 años de prisión, y los dos oficiales de mayor rango a 25 años cada uno. No llegaron a cumplir íntegras las condenas.

Considerado un mártir de la Iglesia en Polonia, en 1997, durante el pontificado de Juan Pablo II, se inició el proceso de beatificación de Popiełuszko, que culminó el 2009, durante el pontificado de Benedicto XVI. El sacerdote polaco fue declarado beato en 2010 en una misa celebrada en Varsovia.

Popiełuszko: así fue la tortura y asesinato del mártir polaco a manos del comunismo

~ por Negro pensamiento en 19 octubre, 2019.

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